viernes, 11 de septiembre de 2015

Cosmos



En el cosmos (lo que queda de él) habitan siete perros, una veintena de humanos y un número bastante grande e impreciso de ratas.

sábado, 9 de mayo de 2015

Tiempo

Nuestros ojos desgastados
contemplan el declive
el inofensivo desarraigo
de las partículas elementales

sábado, 18 de abril de 2015

Te veo del otro lado
cuando mis células declinen
y dejen de hacer ruido
sin aspavientos ni heroísmo

Cuando no queden palabras
y tu memoria se haga polvo
como las cosas que tocaste
y la ribera yerma que pisamos


Nuestra música se cae con el instante
como un animal que se rinde
o los dioses que lo intentan

lunes, 16 de junio de 2014

Cenizas

He quemado todos mis poemas muchas veces, los que tenga a la mano, algo me dice que ahí es a donde pertenecen. Una tarde, en la playa, dos libretas: crujía la madera al viento, la cabaña entera crujía, por los mínimos resquicios se colaban torres de luz que mostraban un microcosmos de polvo y partículas en eclosión; yo estaba solo, en ese momento nadie me amaba. En una mesa descansaban unos cigarros y mis cuadernos – eran un testimonio inocente de mi decisión de dejar este mundo, empezando por este país – y por supuesto, una caja de cerillos.


Hay algunos que persiguen la verdad, otros la felicidad, o la comodidad, yo persigo la belleza, si veo la ocasión de un festín estético me lanzo como una bestia poseída, tirando todo lo que esté a mi paso, y engullo ese pedazo de belleza hasta atragantarme. No podía dejarlo pasar, salí, el pueblo seguía ahí: encendí un cigarro, y otro cerillo; palabras dadas al fuego, asegurándose un lugar en el otro mundo las brasas salpicaban espermatozoides fulgurantes que habían venido a este preciso espacio del universo sólo para arder un instante. Historias y poemas, diarios, consumidos por el fuego. Lo he hecho muchas veces, y no pienso dejar de hacerlo. De cualquier forma en este mundo hay un exceso de palabras, la música sobra, todos deberíamos de callarnos un instante. Con un poeta por generación bastaría, y lo demás al fuego. 

miércoles, 11 de junio de 2014



Hay estrellas regadas en la calle, hubieras visto
se cayeron anoche, liberadas de ataduras teóricas
en fuga tintineante, burbujeante y nebulosa mente brillante
ahora están enquistadas como rocío en el pasto
formaron charcos áureos y ríos de fuego azul
se me ocurrió que podrías recogerlas
ante descomunal fatalismo accidentado
pensé, podríamos amarnos juntos
acurrucarnos en un búnker y resistir las distancias
y que el cosmos se olvide de sí mismo

lunes, 28 de abril de 2014

Eliseo

Dicen que tengo que dejarte ir, como si me soltara de algo, o lo dejara congelado en mi memoria ¿cómo se matan los recuerdos? ¿de dónde sale la fuerza? el impulso original se perdió hace mucho tiempo. Me gustaría amar todo lo que toco, eso trataría de enseñarle a mi hijo. También le aconsejaría, encarecidamente, que no se enamore. Mejor que juegue ajedrez o sea comerciante, un comerciante honrado, que encuentre otra forma de estar con los otros, que el futbol o la música de vanguardia sean su pasión; así no te rompen el corazón, porque siempre sucede, es parte del juego, como el jaque mate, o su imposibilidad, haz tablas con la vida, que de eso se trata, como decía Arreola; eso le diría a Eliseo, mientras vemos pasar el tiempo. 


Cuando su madre nos abandone (no condeno, pero puede ser y así será), le diré que ha muerto, que todos los ángeles están de paso, un día se van al cielo y ahí se quedan en forma de estrella, o de luna, diría él, o de pájaro, pensaríamos en la plaza, comiendo helado de cereza.